agosto 04, 2006

La universidad publica: Falacias sobre pagos y calidad

Cada día que se debate el tema no encuentro mejor argumento para la defensa de la gratuidad de la educación como que "es un derecho y que con los derechos no se negocia", tanto como alguna vez Javier Diez Canseco defendió la posición en contra del TLC aduciendo que esos bienes (los artículos para la exportación) nos corresponden, son del país y por ello, son de los peruanos y no de los extranjeros.

Al defender tal derecho (el de la gratuidad) se busca implícitamente, tal vez, que la calidad de la educación en los centros públicos mejore, juntan gratuidad y calidad, como si ésta última fuera consecuencia de la primera. Se busca la igualdad de derechos, acceso para todos por igual pero, en este país multicultural y plurilingüe ¿alguien es igual a su vecino? ¿Cortar a todos con la misma tijera es lo justo? Justos pagan por pecadores.

Viendo al país y a la universidad, en ella habitan estudiantes buenos que acaban su carrera con logros académicos y a tiempo, ponencias a nivel nacional e internacional en su prontuario, con un trabajo estable –en muchos casos no- y con prestigio. Existen otros que pasan por ella sin dejar algún grano a ésta y con la idea de que la universidad sólo sirve para conseguir trabajo rápido y, a mi parecer, representan la mayoría de desempleados del país. Los últimos que considero, y a los que también apunto mis disparos, es a aquellos que viven 1, 2, 3, 4, 5 y hasta muchos más en la universidad y que, ni aportan académicamente ni están ahí para acabar y buscar trabajo, sino que viven literalmente de la universidad, comen, duermen y trabajan en ella. El sistema permite que ellos sigan contaminando el ambiente universitario y haciendo de ella un centro de aceptación de "pobrecitos", de los que siempre se quejan pero no aportan nada al cambio nacional ni a la construcción de conocimiento. Esta no sólo es una realidad del país, sino de Latinoamérica en general. Un ejemplo de ello es el candidato de la izquierda mejicana Manuel López Obrador. Obrador acabó la universidad a los 34 años, con 14, sí, 14 años dentro del recinto universitario de la UNAM.

Esto muchas veces se debe a que la universidad da, en medianas posibilidades, todo lo que necesita sin exigir casi nada a ellos (sus estudiantes). La UNAM tiene el peor sistema de selección, a mi parecer por supuesto, ingresando todos aquellos que están en los colegios escogidos, siendo el ingreso automático. Esta universidad es la única de Latinoamérica que aparece en el ranking de las 200 mejores universidades del mundo y en el puesto 195. Sus autoridades en vez de asustarse, se enorgullecieron de pertenecer a esta lista (el conformismo habla por sí solo). San Marcos tiene uno de los sistemas más excluyentes para su realidad, el económico. Es así que para ingresar a la universidad se necesita por lo menos alguna preparación extraescolar, ya que el sistema educativo peruano es deficiente, y la universidad exige para el ingreso la memoria y, ahora último, el criterio. El sistema de selección hace que ingresen unos pocos que a veces sólo juntan para ingresar y no para acabar. Luego ingresan a un medio de catedráticos que formaron a muchos de los que lo formaron (en el caso de los educadores)

Objetivos claros hacen que una universidad progrese, que sus estudiantes produzcan es algo que es una obligación del estudiante universitario en general y como primer objetivo de la universidad Peruana y no el libre y gratuito acceso a ella. No es hacer apología a las universidades privadas, sino que hacer de la universidad asidero de estudiantes que no quieren acabar lo que vinieron a hacer no es justo, ni para los que están por ingresar, por que pierden espacio, ni para la sociedad que paga constantemente por ellos.

¿Cuáles son los objetivos que cumple? ¿Cuál es su impacto en la sociedad? De las universidades chinas egresan más de 1 millón de Ingenieros, 33 veces más que la población universitaria de San Marcos con todas sus carreras juntas y todos de competencia internacional, claro que también la población china es mucho mayor que la peruana. Emigran a diversos países que los buscan como personal calificado y barato, con lo cual en estos últimos 20 años han sacado a 500 millones de chinos de la pobreza, 16 veces mas que la población peruana en su totalidad. ¿La universidad china se propuso objetivos claros? La respuesta es sí ¿hubo impacto en la sociedad? También. El costo de la universidad en un país "comunista" como este es de 500 dólares mensuales aproximadamente, y sólo el 40% de su población universitaria goza de beneficios parecidos a los que se gozan acá. Los estudiantes que no cumplen con sus años, pasan por un proceso de pagos, sólo los que tienen una buena producción tienen acceso a esos beneficios. No es que les dan por que sí. Esos son parte de sus objetivos, que sus estudiantes produzcan y que sea útil de alguna forma. El estado chino cada vez aporta menos.

El Estado no se hace responsable hasta ahora. Pedirle más presupuesto es exigirle algo que no puede y que tarde o temprano va a dejar de brindarle a la universidad, no por que sea malo y no quiera, sino por que la política de importar bienes fungibles hace que los ingresos en algún momento se acaben. El Estado no hace nada y la universidad no hace nada para que esto cambie, eso es ser pesimista sin decirlo, además de irresponsable. Trazarnos objetivos para mantener la universidad viva es algo necesario, tanto como estudiantes universitarios y como miembros de una sociedad. La que sea mejor, que se aplique, aunque nos duela. Amputar una pierna en una gangrena es mejor que perder la vida, y nadie niega acá que no jode aquello.

4 comentarios:

jjj dijo...

interesantísima reflexión...voy a darme un tiempo para comentar mejor, pero da definitivamente este tema tiene para más.
PD. voy a compartir en algunos grupos ps.

Richard Torchiani dijo...

por supuesto, el tema es provocador, esperemos que se logre un debate alturado para confrontar ideas.

siempre habrá pros y contras acerca de la gratuidad de la universidad.

Raúl Montañez Valverde dijo...

Me parece una reflexión muy interesante y ,sobre todo, motivadora. Es cierto que gratuidad y calidad no se pueden ofrecer al mismo tiempo. Ojalá más gente podamos conocer y aportar nuevas propuestas.

Luis Olivares dijo...

Me parece buena la perspectiva que le das al tema, la igualdad es ilusoria de arranque porque incluso antes de ingresar a la Universidad ya hay varios procesos excluyentes... desde que se vive hacinado, sin alimentarse bien, con pobres apoyos parentales y sociales para el propio desarrollo de la persona (al menos en los aspectos básicos que facilitarían el despegue de la persona a niveles superiores de superación en diferentes ámbitos de su vida) resulta romántica la idea de igualdad.

Si a eso añadimos que existe una psicología del pobre (una manera de decir que el pobre, además de tener poquísimos recursos y oportunidades, está fuertemente condicionado a que su vida es así, fue así y será así, por una especie de "ley universal.") Entonces, la cosa se agrava.

También me parece atinada tu reflexión respecto a que la Universidad puede ser un eje para el cambio de estas condiciones... pero no siendo un elemento de cambio que se tenga que quedar solo, en un proyecto autista.

Es cierto, hay estudiantes brillantes que culminan sus estudios en el tiempo esperado (y en muchos casos con buenos aportes) y hay quienes se quedan allá por mucho tiempo sin que nadie les rinda cuentas, sin hacer aportes, ocupando espacio, tiempo y lugares que podrían ser mejor utilizados por otros (¡porque la educación no se le puede negar a nadie, compañero!)

Claro, para todo hay excepciones.

Pero también es importante que la Universidad pueda contribuir a forjar la idea de proyecto de vida personal conectado con el bien común (posiblemente) implementando prácticas sociales (de aplicación de sus carreras) que enriquezcan conciencias dándoles un marco de referencia más amplio, así como permitirles ver posibilidades de progreso en un país en el que una mayoría ha caido en la desesperanza... y esto no es sólo un asunto de "empezar a ser positivos;" sino también de cambiar muchas condiciones existentes.

Difícil tarea.