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agosto 12, 2006

Crónica Urbana: eL Taxi PesimistA


De los muchos o pocos viajes en taxi en lo que va de mi vida, he podido notar que los rostros del mundo se reflejan en aquellas personas que recorren las calles de la ciudad con autos de todo tipo y un inconfudible distintivo: el cartelito magnético arriba del techo del auto, o el sticker fosforescente con letras negas. Si nos sobreponemos al cansancio del trajín citadino, y ponemos un poco más de atención, veremos que los taxistas son tan humanos como nosotros, con problemas, desilusiones, miedos y angustias; pero también con esperanza y optimismo.

Existe un dicho que se ha hecho popular en las últimas décadas: "el que no estudia o estudia a medias, termina siendo taxista" o este otro: "el taxista es un profesional mediocre o frustrado" incluso se crearon comerciales televisivos sobre universidades en los cuales hacían alusión al drama del desempleo y la alternativa última del taxi. Si hacemos una encuesta entre las personas que realizan el servicio de taxi podríamos encontrar información empírica que respalde las afirmaciones expuestas, que la mayoría no consideró como primera opción ese trabajo, que hay un gran número de taxistas con profesiones universitarias o técnicas y que no las ejercen, que casi la totalidad dejaría de hacer taxi si tuviera la oportunidad de un trabajo de 10 horas diarias con un salario básico. En fin, encontraríamos información sumamente interesante, pero al parecer este tema no es de incumbencia de las autoridades municipales ya que no hacen cosa alguna al respecto, al contrario, se han especializado en generar normas y procedimientos técnicos que en lugar de facilitar la labor del taxista, la dificultan al punto de asfixiarlo y obligarlo a retirarse del "negocio" o plegarse al grupo de los "informales"

A partir de mi experiencia a bordo de varios taxis, y de las espontáneas -y cortas- conversaciones con los taxistas de paso, he notado que un gran porcentaje presentan las siguientes características: desilusión, desconfianza, frustración, motivación al borde del colapso, tendencia a reaccionar irasciblemente, agresividad contenida, mucha ansiedad y uno que otro episodio de tristeza-leve. Las preguntas que surge ante esta situación: ¿Ser taxista es el recurso desesperado de una personalidad pesimista? ¿Iniciarse como taxista es estar condenado a terminar frustrado por el mundo y adoptar mecanismos defensivos que configuren un caráter endeble?

Cuál de los preguntas es la correcta, o quizá deba tomar en consideración las dos como complementarias. Si agudizamos los sentidos y notamos el mundo del taxista veremos gente al borde de la desesperación, que detienen sus autos ante una persona que mira el horizonte dubitativa (todos son potenciales clientes) y cuando esa persona detiene el carro, empieza la negociación, el cliente muchas veces no se da cuenta que tiene una ventaja: el taxista probablemente no ha conseguido pasajeros en las varias horas que ya lleva recorriendo las calles, que anda preocupado por conseguir algo de dinero para su sustento, que quizá necesita el dinero ya ni siquiera para él y su familia, sino para poder pagar el alquiler del día del vehículo. Mientras estas cosas pasan por la cabeza del taxista de turno, trasa su vehículo se alistan en línea 3 ó 4 carros con al esperanza de que sus antecesores no llegue a un acuerdo con el potencial cliente. Un cuadro que se repite a diario, en todo lugar.

Las diferencias sociales alcanzan a todos los ámbitos, es por eso que existen taxistas informales, los hay también de los formales: los "taxis amarillos" -que trabajan por su cuenta- pero hay también empresas o "flotas" como les llaman, que contratan a los choferes para que laboren en los vehículos propiedad de la empresa. Empresas como éstas son las que laboran a través de centrales telefónicas, donde se puede escoger el tipo de auto de acuerdo a las características del cliente, demás está decir que este servicio es viable sólo en zonas residenciales de la ciudad (gente con el suficiente poder adquisitivo, ya que el costo del servico es mucho más alto que el que ofrece un taxista "amarillo") existen también empresas que si bien no trabajan vía una central telefónica, lo hacen en los grandes establecimientos comerciales, con destinos y tarifas parametradas de antemano. Un hecho interesante es la creación de asociaciones de taxistas que, cada quien dueño de su vehículo, se juntan para ofrecer un servicio de mejor calidad y apoyarse mutuamente con relación a los trámites de licencias de funcionamiento, costos de mantenimiento, etcétera. Una evidencia más de la capacidad de los peruanos para agenciarse maneras de obtener recursos dignamente.

A estas alturas vale preguntarse ¿Todo es malo en el mundo del taxi? pues la respuesta, como todas las cosas en este mundo, es un sutil "no" existen cosas buenas, existen personas saludables, cuya amabilidad contagia satisfacción, son esos momentos en los que se puede disfrutar de una amena charla, porque existen taxistas cuyas vidas son historias increibles (en el fondo todos somos historias increibles, sólo que no todos tenemos la habilidad para plasmar en palabras nuestras historias) hay ocasiones en las que el tiempo es mezquino con la conversación, y uno se queda con las ganas de continuar la tertulia, pero el mundo gira con el tiempo colgando de la muñeca y hay que recordar que el dinero es necesario, que yo tengo que llegar a mi destino y que el taxista tiene que ir en busca de otra persona a quien contarle su historia y de quien servirse para aumentarla con un nuevo día, con una nueva "carrera".

Imagen (crédito) Aidan Hughes


Atentamente

Richard Torchiani G
Moderador de Perú: País de las MaravillaS

julio 31, 2006

Cronica Urbana: El Arca de NoE


Héme aquí para relatarles en papel, una de las experiencias urbanas más bizarras que he tenido en lo que va de mi peruanísima vida, y todo en 60 minutos de viaje en un bus.

Diez post meridiano, luego de dejar pasar tres buses (con seis minutos de diferencia entre cada uno como promedio), raudo me dirigí a subir al cuarto bus que me llevaría a mi destino (mi casa) Casi siempre suelo escojer un bus donde aún queden asientos disponibles, porque detesto cuando el bus va absolutamente lleno y las personas se apiñan a más no poder, además una hora y veinte minutos de viaje de pie no es mi estilo. Como de costumbre fijé mi mirada en las filas de asientos al final del bus, éste tenía una forma peculiar de distribuir dichos asientos: había un par en la esquina derecha, justo detrás de la puerta de "subida", a la izquierda de dichos asientos, había una especie de compartimiento propio de la carrocería, inmediatamente estaba colocada una hilera con capacidad para tres personas (de contextura promedio) cómodamente sentadas. Decidí escoger la fila detrás de la puerta, como siempre al lado de la ventanilla para observar el cielo negro contaminado de luz naranja.


Tras diez minutos de viaje se dio inicio al show: el bus se detuvo en uno de los dizque paraderos y el conductor accionó el control para abrir la puerta trasera, aquélla que estaba a mi costado, pero yo en ese instante andaba divagando en cuestiones filosóficas y no presté atención visual, vagamente me percaté de lo siguiente: se prestaba a subir una señora con un par de niñas menores de 8 años, el cobrador cogió el brazo de una de ellas para ayudarla a subir "más rápido" y la niña oponía resistencia esperando alguna indicación de su madre, quien ni corta ni perezosa le profirió al cobrador: "Déjala subir sola, que ella puede! quítale la mano de encima! qué te pasa ah?" sorprendido de escuchar aquel tonito de voz (se notaba cierto matiz de furia contenida desde la infancia) el cobrador atinó a soltar a la niña y retorcedió unos metros, la niña subió sola apoyándose en el manubrio y luego percibí las figuras de otras dos niñas y una mujer sumamente delgada, con el cabello corto y un chullo en la cabeza; miré de reojo y noté en su rostro un aire particular: su lenguaje corporal se distinguía del resto, no me atreví a seguir observándola por temor a alguna reacción violenta de su parte.


Las niñas se juntaron y buscaron la mirada de su madre quien les indicó sentarse en la hilera de tres asientos, en la cual estaba sentado un chico (en el centro) si titubear la señora se dirigió al muchacho: "puedes moverte para que se sienten mis hijas?" él, con pinta de universitario-rebelde-emocionalmente la miró, dudó un instante y luego hizo lo que ella le pidió. Una vez ya acomodadas, la señora le dijo a la niña que protagonizó el incidente: "la próxima vez que alguien te jale para subir dile 'a mí me han parí'o perfecta, no necesito que me ayuden a subir' qué cosa se habrán creido" sentenció mirando al cobrador. El chofer tenía encendida la radio en una emisora de "música del recuerdo" y en ese preciso instante se escuchaba la voz de Rocío Jurado cuando de pronto escuché a alguien haciéndole dúo ¿adivinan quién? pues sí, la señora de las tres niñas. Cantaba sin reparos, a pesar que su garganta dejaba notar algún deterioro, productos de seguramente varios gritos y el inclemente frío de Lima, quizá una que otra copita.

El bus continuaba su recorrido y cada vez subían más personas, mientras tanto en la pugna por subir, un niño irrumpió en el pasillo e inició su discurso -vendía caramelos- al terminar su faena, se acercó a cada uno de los pasajeros y cuando llegó frente a la señora de las tres niñas, ésta le dijo: "niño, ven, toma..." entregándole un puñado de caramelos que sacó de una bolsa que llevaba entre la piernas "yo también vendo, pero ya acabé por hoy, ya saqué para el cuarto de mis hijas, toma, tú los necesitas más que yo ahora..." el niño aceptó el ofrecimiento y entre confundido y sonriente bajó del bus, mientras la madre hablaba con sus hijas: "ese niño sale a trabajar solito, seguro lo explotan, ahora tiene que ir a darle la plata a su madre, porque seguro su padre ni lo ve, para eso son buenos los hombre, para tener hijos y después desaparecer..." sentenció, las niñas escuchaban atentamente.
Las personas seguían subiendo y el bus hace un buen rato había completado sus asientos, los "parados" se hacían cada vez más, en su mayoría subían por la puerta trasera, yo era testigo privilegiado de todos sus periplos. De pronto subió una señora de avanzada edad, y al ver que no habían asientos disponibles, se sitió estratégicamente al lado del chico universitario, al ver esta escena la señora de las tres hijas le dijo: " muchacho ¿por qué no te paras para darle el asiento a la señora?" ante esto, y con el antecedente, el universitario -raudo y sin chistar- se levantó. Junto con la dama subió un hombre de contextura gruesa vestido con un buzo de deporte, se situó al costado de la señora de las tres hijas cuando de pronto se escuchó: "oye! ándate más atrás! y deja de sobarte en la pierna de mi hija que no te está haciendo nada, ¡enfermo eres! crees que no me doy cuenta y vienes a pajillarte* con mi hija" ante tamaña recriminación el hombre no tuvo más remedio que hacerse a un lado.

Tras ese reproche, reparé en la acentuación y sobre todo en aquella palabra ajena al contexto limeño (pajillarte) junto con el fervor con el que hizo dúo con Rocío Jurado, el disonante "parí'o" y la actitud asertiva-agresiva había yo, de alguna manera, corroborado mi hipótesis: influencia española, pero no tenía aspecto de española, pues habían muchos matices peruanos en sus maneras, luego de etse breve análisis redefiní mi hipótesis: ¡Gitana! y de segunda generación. Entre tanta gente que subía (muchísima) y bajaba (poquísima) fue a parar al lado de la señora de las tres hijas, un par de chicas que por su porte parecían haber salido de la academia pre con rumbo a sus casas, la señora... se ofreció para cargarle a las chica más próxima la mochila que, con dificultad, llevaba colgada al hombro; ella aceptó e inmediatamente establecieron conversación, alcancé a escuchar que la señora no sólo era madre de tres niñas: existían nueve más y ¡uno en camino!. Por un momento intenté observar a esta señora, pero ya era tanta la cantidad de gente en el bus que me fue imposible, cuando me percaté de este hecho, dejé de lado mis hipótesis y volví mi atención al bus, repleto pero aún así seguían subiendo la personas (es impresionante lo poco que se estiman algunas personas, prefieren subir a un bus donde ya no pueden ni mantenerse dignamente en pie, a esperar el siguiente bus que seguramente tiene más espacio disponible, dónde quedó su conciencia, dónde su perspectiva de futuro, realmente no lo sé) entre ésta meditación decepcionante y a la vez iracunda aconteció "la gota que derramó el vaso" era tanta la cantidad de gente que habían tres sujetos (una mujer incluida) ocupando los escalones de la puerta posterior, cuando el bus se detiene y abre dicha puerta para que suba un chico con una mochila en la espalda, quien trepó -literalmente- al bus con gran dificultad, no pudiendo avanzar más, quedó parado en el primer escalón, en ese instante la puerta se cerró aprisionando al chico cuyo brazo derecho quedó fuera del bus. Inmediatamente la gente empezó a gritarle al chofer: "oe! abre la puerta de atrás!" gritaba un hombre "su brazo! su brazo!" decía la chica junto a él, tras cada instante más y más eran las voces que proferían reclamos e insultos (irreproducibles ahora) hacia el chofer y cobrador, hasta que la puerta se abrió, la gente se apiñó más y el chico pudo liberar su brazo y subir al siguiente escalón.

Tras ese hecho, la gente inció una tertulia espontánea con quien tenían a su lado acerca del problema del apiñamiento en el bus, demás está decir que me pareció ridículo e inconsecuente, pues todos coincidían en echarle la culpa al chofer por "dejar subir más gente" en los siguientes paraderos se escuchaban gritos como éste: "oe! ya no hagas subir más gente" refiriéndose al chofer, como si la directa responsabilidad la tuviera él, cuando lo lógico es que quienes deberían abstenerse de subir a bus tan repleto son las personas que aguardan en los paraderos, las mismas que habían subido por montones durante la segunda mitad del viaje. Un comentario hizo que interrumpiera mi análisis social de conyuntura, "Esto parece el arca de Noé..." dijo la señora de las tres hijas "...puro animal sube!" Sí señora, tiene mucha razón.



*
pajillarte: vocablo (jerga) de origen español, se traduce como masturbarse o frotarse con fines de placer sexual.
- Imagen: crédito, william medeiros.
- PD (Nota del autor) Las disculpas del caso a los animales, tómenlo por el lado amable, la expresión está contextualizada, en ningún momento tuve intención de ofenderlos.


Atentamente
Richard Torchiani G
Moderador de Perú: País de las MaravillaS

junio 14, 2006

Crónica Urbana: Accidente



Miércoles al mediodia, me dirigí hacia el paradero de buses, iba rumbo a una reunión académica y noté que se me había hecho tarde, sin duda llegaría con significativo retraso: una lástima, ya que no tenía más opción que embarcarme en alguna unidad de transporte urbano masivo (un bus) y bueno de todas las opciones que tenía en ese momento -la verdad no eran muchas-, opté por las más formal (me reservo el nombrar a la empresa para no crear pánico mediático) y decidí esperar el arribo de alguna de sus unidades, cuando de pronto divisé el bus que se acercaba al paradero, raudo levanté la mano derecha y la extendí perpendicularmente con referencia a mi cuerpo: el típico código para "parar" un vehículo.


Cuando subí al bus me percaté de ciertos detalles, era un marcopolo, de no más de 7 años de antigüedad, asientos manufacturados en el país y fuera de eso tenía pocas modificaciones "artesanales" como suele acostumbrarse aquí; los vidrios de las ventanas estaban adecuadamente sujetos a los bordes metálicos y no rebotaban violentamente cuando el carro estaba en marcha, en conclusión había tenido suerte de viajar en un vehículo conservado y -sobre todo- limpio.


-casi- Como de costumbre, escogí los asientos de la penúltima fila (el lado junto a la ventana) para sentarme -el lector se prenguntará los motivos de mi selección, los cuales no pienso revelar en esta oportunidad, hago esta aclaración para sacarle el clavo de la curiosidad sin contestar a sus inquietudes- la última semana había optado por escoger esa ubicación casi sistemáticamente y esta oportunidad no fue la excepción.

Todo transcurría con normalidad, lo habitual en un vehículo de transporte urbano: suben pasajeros, bajan pasajeros, suben vendedores, bajan vendedores; el cobrador pregonaba los destinos de ruta y secuencialmente cobraba el importe del pasaje y expedía los respectivos boletos. En ese trance, el vehículo se detuvo en una intersencción de calles porque el semáforo mostraba la luz roja, cuando de pronto irrumpe el sonido de un vidrio que se parte y siento en la cabeza el leve impacto de algo sólido, advertido mi sistema nervioso, dirijo mi mirada hacia atrás y me percato que el bus había sido impactado por otro vehículo lo que ocasionó la ruptura del vidrio posterior y los fragmentos de éste habían sido lanzados hacia adelante por la inercia del impacto, mi conciencia se percató que aquel sólido que impactó mi cabeza había sido un enorme trozo del cristal que -por intervención divina- había impactado de manera frontal y no diagonalmente (por alguno de los bordes) ya que de haber pasado esto último, estimado lector, este servidor estaría con una herida cortante en el cuero cabelludo. El bus definitivamente quedaría detenido.

Tras el instante que transcurrió post-impacto, la personas alrededor mío asimilaban la experiencia, nos dimos cuenta que los vidrios -de todo tamaño, grandes, medianos y diminutos- se habian esparcido por la parte posterior del pasillo del bus, el fragmento que impactó mi cabeza había quedado apoyado en el respaldar del asiento donde me encontraba, igual suerte había corrido la chica que estaba sentada a mi costado, ambos iniciamos el proceso de retirar los fragmentos del respaldar del asiento y colocarlos en el piso del pasillo, tras hacer eso y voltear por segunda vez -y con más nivel de conciencia- me percaté que la última fila del bus estaba sin ocupantes por la parte del impacto (la mitad izquierda, la mitad derecha estaba ocupada por tres escolares de aproximadamente 16 años) el impacto no había sido tan leve como pareció, el vidrio se había fragmentado, y algunos trozos colgaban sujetos sólo por una parte del borde de la ventana.

Los escolares de la última fila seguían asimilando el impacto, interactuando mínimamente entre ellos (al parecer no se conocían) cuando uno de ellos voltea y su nuca queda expuesta a mi campo visual tras lo cual noté que estaba sangrando por una herida profunda en la parte posterior de su cabeza, tenía grandes manchas de sangre en la camisa blanca y dos líneas rojas bajaban por su cuello, inmediatamente le hice notar eso al chico el cual dirigió su mano hacia la zona señalada y al mirar sus dedos se percató de la cantidad de sangre que seguía emanando su cabeza, raudamente el escolar próximo a él le otorgó un trozo de papel higiénico, percatada de esto la chica sentada a mi costado, se levantó del asiento y se acercó al chico herido para examinar su cabeza y tratar de asistirlo, los demás pasajeros visiblemente emocionados, reaccionaban diversamente, de pronto se acercó a la zona una señora de aprox. unos 40 años aduciendo que era médico y asistió al chico que aún sangraba considerablemente... Hasta aquí el relato en la entrada querido lector, continuaré en el apartado de comentarios, por razones de espacio, Ud. comprende.




Atentamente
Richard Torchiani G
Moderador de Perú: País de las Maravillas

junio 04, 2006

Crónicas Urbanas: Historia de Taxi I


He de confesar que, debido al exasperante tedio del transporte urbano, -léase: las malditas combis- en varias ocasiones me he visto seducido a optar por un taxi (cabe mencionar que los alicientes para dicha decisión configuran un enorme grupo que abarca muchos ámbitos)

De mi extensa experiencia con los taxis -desde la infancia de la mano de mis progenitores, con especial atención mi madre, hasta las últimas aventuras en solitario cuando el bolsillo lo permitía- puedo conjurar una serie de temáticas que el lector puede encontrar patéticamente familiares: triste pero cierto.

Me sumerjo en la tarea de compartir estas anécdotas, un poquito para el análisis de rigor, la psicología es la madre de mi compulsión por la sistematización de la información (aún no sé quién es el padre) espero así construir alguna que otra frase interesante a la vista y, más aun, para el neocórtex de usted, querido lector.


Atentamente
Richard Torchiani G
Moderador de "Perú: País de las Maravillas"

mayo 19, 2006

Cultura Combi: el Llenador

Turno para otro personaje que ha evolucionado en los últimos años, hablamos de el llenador, otro de los oficios urbanos creados por la inagotable sapiencia de nuestra querida -y muchas veces sorprendente- sociedad.

El llenador es el más controvertido componente de la estructura urbana en el transporte, aunque no establece contacto directo con los -sacrificados- pasajeros, su aspecto y actitud son los que configuran un temeroso porte, lo que genera ansiedad en los usuarios del servicio, por lo que prefieren guardar su distancia (mientras más metros mejor)

Vamos al análisis de este oficio, mientras las ideas andan frescas en el imaginario popular.


Atentamente
Richard Torchiani G
Moderador de Perú: País de las Maravillas

mayo 17, 2006

Cultura Combi: el Datero

Foto: Giovanna Fernandez

Uno de los personajes que componen el sistema del transporte público en nuestra ciudad capital es el comúnmente llamado datero, un oficio urbano de reciente data, una excusa más para agenciarse recursos económicos, en fin, otra estrategia adaptativa entre las tantas que hemos desarrollado como sociedad.

Curioso personaje cuya labor no es comprendida en su verdadera dimensión por quienes hacemos uso del transporte urbano, pero que, gracias a ella, el sistema se mantiene dinámico y además nos hace partícipes de una serie de situaciones propias del mencionado sistema, como ya es tradición en nuestro país: para bien o para mal.

Inicia aquí el análisis de los partícipes de la cultura combi, una serie de entregas para la discusión progresiva, al final generaremos conclusiones orientadas a dar solución a los diversos problemas relativos al oficio del volante.


Atentamente
Richard Torchiani G
Moderador de Perú: País de las Maravillas

enero 17, 2006

Fiebre de Sábado por la Combi

Martes por la noche, necesito movilizarme interdistritalmente para lo cual recurro a las infaltables combis, al subir a una de éstas, de pronto, me siento fuera de lugar y el pensamiento análitico ronda por mi cabeza, pero la bulla estrepitosa de "Gata Fiera" no me deja pensar...

De esta manera les presento el tema, si tienen curiosidad busquen el primer comentario a esta entrada, donde desarrollo un poco más este aspecto de cultura combi.
(A sugerencia de uno de los colaboradores, para mantener el formato light del blog)


Atentamente

Richard Torchiani G
Moderador de Perú: País de las Maravillas

diciembre 27, 2005

Cultura Combi

Uno de los temas controversiales en las tertulias cotidianas de la U es la concienzudamente llamada cultura combi muchos ejemplos pueden darse sobre este título. Los invito a comenzar la lista de experiencias cotidianas con la cultura combi.

Empiezo: en la combi, de camino para la universidad, para variar saliendo con las justas, me retuerzo (psicológicamente hablando) porque el señor chofer del vehículo se detiene sistemáticamente en cada esquina y/o semáforo. Cuando algún incauto(a) le reprocha ese comportamiento, el muy cezudo le contesta "estoy trabajando, dejeme trabajar" ¿Cómo debo interpretar esa frase? para el señor trabajar significa llenar la plaza, o sea, meter una cantidad impresionante de gente dentro del reducido espacio de su vehículo, burlándose de la ley de inviolabilidad espacio-tiempo. Si por él fuera, llevaría gente en la parilla del carro a china no más.


Atentamente
Richard Torchiani G
Moderador de Perú: País de las Maravillas